Llamado a la organización y la movilización global contra el capitalismo, un sistema mundial ecocida y genocida
- DeudaXClima
- hace 3 días
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Desde Deuda por Clima condenamos enérgicamente las recientes amenazas de Donald Trump contra Irán, en las que advierte su destrucción total si no se somete a los designios de Estados Unidos. Estas declaraciones y los bombardeos masivos e indiscriminados contra el pueblo iraní, libanés y palestino, no constituyen hechos aislados ni simples excesos discursivos de un pedófilo loco ultraderechista: son la expresión directa de un sistema que, en su fase actual, solo puede sostenerse mediante la guerra, el saqueo y la destrucción de la vida.
La historia reciente confirma esta realidad. Tanto gobiernos “republicanos” como “demócratas” han recurrido a la violencia extrema para garantizar los intereses del capital, desde el bombardeo atómico ordenado por Harry Truman hasta el respaldo del gobierno de Joe Biden a la última ofensiva genocida contra el pueblo palestino por parte del estado terrorista de Israel.
Alzamos nuestra voz en solidaridad con los pueblos de Irán, Palestina, Líbano, Nigeria, Sudán, Yemen, República Democrática del Congo, América Latina y el Caribe, especialmente, Haití, Cuba, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Bolívia, Ecuador, Honduras, Costa Rica y El Salvador, que hoy enfrentan distintas formas de agresión y contraofensiva imperialista: genocidio, ecocidio, bombardeos, bloqueos, sanciones, dominación financiera, económica, militar y política. Lo que une estas realidades no es solo la geografía ni la coyuntura: es su posición en un sistema global que necesita pueblos enteros subordinados para garantizar la acumulación de riqueza de una ínfima minoría.
La experiencia histórica nos urge a la organización y la movilización internacionalista. Las dos guerras mundiales fueron guerras interimperialistas, movidas por la competencia entre monopolios comerciales, industriales, militares y, en últimas, financieros, instigada por una oligarquía global para repartirse el mundo.
Los dueños de las grandes corporaciones, tecnológicas, inmobiliarias, mineras, petroleras, bancos y cantidades absurdas de dinero: no producen riqueza, la extraen y acumulan. Viven de la renta, de la especulación, de la deuda, de la explotación de la fuerza de trabajo de la Mayoría Global y la destrucción de la Naturaleza, y necesita expandirse constantemente para sostener su tasa de ganancia. Hoy estamos en una situación similar, pero con bombas atómicas, armas autónomas, Inteligencia Artificial y la superación de nueve de los siete límites planetarios.
En nuestro tiempo, esa expansión ya no se da únicamente mediante la colonización directa, sino a través de mecanismos como la deuda. Países enteros son obligados a reorganizar sus economías para pagar a los acreedores y en los mismos centros imperialistas se recortan derechos a la clase trabajadora, privatizan bienes comunes y profundizan el extractivismo. Así, la deuda se convierte en una herramienta central de dominación capitalista en la era imperialista, una forma de colonialismo moderno y explotación.
Las agresiones imperialistas son expresiones concretas de las contradicciones del capitalismo. No son conflictos aislados: son parte de una misma estructura de dominación global.
En el centro de esta estructura está también el sistema de los petrodólares, que permite a Estados Unidos sostener su hegemonía financiera y militar. El control del petróleo, de las rutas y del comercio global en dólares no es solo un asunto económico: es una de las bases materiales de la dominación imperialista. Por eso las guerras se concentran en regiones estratégicas para sostener la matriz energética de la acumulación capitalista, por eso se amenaza a quienes intentan romper ese orden.
Este sistema de explotación-acumulación-destrucción sin límites genera la crisis climática.
La destrucción ambiental que hoy amenaza los sistemas terrestres no es un problema “natural” de la Humanidad como especie. La necesidad de crecer sin límites, de extraer más, de pagar deudas y generar ganancias para la minoría de rentistas de capital empuja a la sobreexplotación del trabajo y de la Naturaleza. Mientras hablan de “transición”, los mismos actores que promueven soluciones falsas expanden el extractivismo, militarizan territorios y aseguran el control de los recursos.
Al movimiento climático le decimos: no basta con exigir reformas dentro del sistema. No basta con promover la transición energética. La lucha por la vida en el Planeta es inseparable de la lucha contra el capitalismo.
Hoy es claro que no puede detenerse la crisis climática sin derrocar a estas clases parasitarias y depredadoras, acabando con la ley de la ganancia y la explotación capitalista.
Frente a este panorama, la clase trabajadora del mundo, la Mayoría Global, tiene intereses comunes y contrapuestos a esa minoría. Es la que paga la deuda con su trabajo, sus impuestos, la que sufre las consecuencias de las guerras, los recortes presupuestales a bienes públicos y servicios sociales, la precarización y la crisis climática.
Por ello, hacemos un llamado:
A oponernos con todas nuestras fuerzas a las guerras de agresión imperialistas y a respaldar del mismo modo la resistencia de los pueblos y de la clase trabajadora en todas partes del mundo, luchando por la desintegración de la OTAN, la prohibición de bases militares extranjeras y bloquear activamente la máquina de guerra.
A enfrentar el sistema de deuda pública mediante la auditoría y el impago general
A unirnos activamente al Movimiento de Boicot, Sanciones y Desinversiones contra Israel y ampliarlo hacia todos sus aliados
A construir organización internacionalista desde abajo
Hoy más que nunca, es necesario avanzar en la construcción de una fuerza internacional capaz de enfrentar las bases del sistema, porque lo que está en juego no es la estabilidad de los precios como venden los noticieros, es el futuro de la Humanidad.
