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NO SE PUEDE DEJAR LOS COMBUSTIBLES FÓSILES SIN DEJAR EL DÓLAR

  • Foto del escritor: Julio Linares
    Julio Linares
  • hace 4 días
  • 5 Min. de lectura
El petrodólar, los combustibles fósiles y la transición que nos falta
El petrodólar, los combustibles fósiles y la transición que nos falta

¿Por qué no basta con dejar el petróleo?


Cuando hablamos de la crisis climática, casi siempre hablamos de energía: paneles solares, carros eléctricos, impuestos al carbono. Todo eso importa. Pero hay algo que casi nunca se menciona y que está en el corazón del problema: el sistema monetario mundial depende de que sigamos quemando combustibles fósiles. No es solo que quememos demasiado petróleo. El problema es que el sistema financiero global necesita que lo sigamos quemando. La estabilidad del dólar estadounidense depende de ello. El ejército de Estados Unidos depende de ello. El reciclaje de petrodólares en bonos del Tesoro depende de ello.


Los combustibles fósiles todavía proporcionan el 86,6% de la energía mundial. El consumo de petróleo alcanzó un récord de 103,75 millones de barriles diarios en 2024. El petróleo solo contribuye 11,2 gigatoneladas de CO2 a la atmósfera cada año, aproximadamente un tercio de todas las emisiones globales. ¿Por qué no podemos dejar de quemar algo que nos está matando? Porque hay una arquitectura financiera que lo impide. Se llama el sistema del petrodólar.


¿Qué es el petrodólar?

En 1974, después de la crisis petrolera provocada por la guerra de octubre de 1973, el Tesoro de Estados Unidos llegó a un acuerdo con Arabia Saudita: los saudíes venderían su petróleo exclusivamente en dólares y reciclarían los ingresos petroleros comprando deuda soberana estadounidense (bonos del Tesoro). A cambio, Washington les proporcionaría protección militar y tecnología petrolera. El resto de los países de la OPEP siguieron el ejemplo. Así nació el petrodólar.


Esto significa que todos los países del mundo que necesitan petróleo (y todos lo necesitan) primero tienen que conseguir dólares. No importa si eres Colombia, India o Japón: para comprar petróleo, necesitas dólares. Esto crea una demanda artificial permanente para la moneda estadounidense, independientemente de los déficits comerciales o la política fiscal de Estados Unidos. Actualmente, el 80% de las transacciones globales de petróleo se realizan en dólares, lo que equivale a unos 7.000 millones de dólares diarios.


Para entenderlo de forma sencilla: imaginen que todos los países de la tierra estuvieran obligados a guardar sus ahorros en la cuenta bancaria de un solo país, y que ese país pudiera gastar ese dinero como quisiera. Eso es lo que hace una moneda de reserva. Y el dólar lo es gracias al petróleo.


La trampa: economía del carbono y hegemonía del dólar se refuerzan mutuamente

El ejército de Estados Unidos es el mayor consumidor institucional de combustibles fósiles del planeta y el mayor emisor institucional de carbono atmosférico. La máquina de guerra que defiende el sistema del petrodólar funciona con lo que el sistema vende. Es un círculo vicioso: la dependencia mundial del petróleo genera demanda de dólares, lo que financia el déficit estadounidense, lo que sostiene el ejército que protege los flujos de petróleo, lo que perpetúa la dependencia del petróleo.


Por eso la transición energética amenaza no solo a las empresas petroleras sino a todo el sistema de hegemonía del dólar. Y por eso, mantener la hegemonía del dólar requiere prevenir o controlar cualquier transición hacia sistemas de energía postcarbono. La crisis climática y el sistema monetario no son problemas separados sino aspectos de un mismo complejo.


¿Qué pasa cuando un país intenta romper el petrodólar?

Cada vez que un país productor de petróleo ha intentado venderlo en otra moneda que no sea el dólar, ha enfrentado sanciones, asesinatos o guerra abierta. El patrón se repite con precisión escalofriante:


Irak (2003): Saddam Hussein cambió las transacciones del programa Petróleo por Alimentos a euros en octubre del 2000. Estados Unidos invadió en marzo de 2003. Una de las primeras acciones del gobierno interino fue volver a denominar el petróleo iraquí en dólares.


Libia (2011): Gadafi propuso una moneda africana respaldada en oro (el dinar de oro) para el comercio petrolero del continente. La OTAN intervino militarmente. Correos electrónicos desclasificados de Hillary Clinton confirmaron que la amenaza monetaria fue uno de los factores que motivaron la intervención francesa.


Venezuela (2017-2026): Maduro listó el petróleo en yuanes chinos en 2017. Venezuela, que posee las mayores reservas probadas del mundo (303.000 millones de barriles), sufrió una década de sanciones, un bloqueo naval, la incautación de petroleros con destino a China, y finalmente la captura de su presidente en enero de 2026. Los ingresos petroleros venezolanos fueron colocados en cuentas del Tesoro estadounidense.


Irán (2008-2026): Irán abrió una bolsa petrolera en la isla de Kish que operaba en euros y yuanes. Es el país más sancionado de la tierra. En febrero de 2026, fuerzas estadounidenses e israelíes asesinaron al líder supremo Khamenei. Irán respondió atacando infraestructura petrolera en seis países del Golfo y cerrando el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. El precio del petróleo superó los 100 dólares por barril.


No solo energía: los combustibles fósiles son el esqueleto molecular de la civilización industrial

Hay algo que la narrativa de la «transición energética» oculta. El petróleo no solo se quema: es la materia prima de la vida cotidiana. Los combustibles fósiles sirven como agente reductor en la producción de acero, como materia prima que se libera por descomposición química en el cemento, como insumo molecular en el amoniaco (del que depende el 40% de la alimentación mundial), en los plásticos, los productos farmacéuticos, las fibras sintéticas y como electrodo consumido en la producción de aluminio.


La «transición energética» aborda, en el mejor de los casos, el 42-44% de las emisiones globales (electricidad, edificios, transporte electrificable). Pero entre un 27% y un 40% de las emisiones provienen de procesos donde los combustibles fósiles sirven como insumo químico, no como fuente de energía. La civilización industrial no solo está alimentada por combustibles fósiles: está hecha de ellos. Y el sistema financiero del petrodólar tiene un interés material en que esto siga siendo así.

Marzo de 2026: el sistema se revela

Mientras están realizando las preparaciones para la conferencia de eliminación de combustibles fósiles en Santa Marta, el Estrecho de Ormuz está cerrado. Las refinerías del Golfo están en llamas. El sistema del petrodólar que impone la dependencia de combustibles fósiles está siendo perturbado por los mismos países que fue diseñado para disciplinar.


Venezuela muestra la lógica del sistema sin disfraces: el país con más petróleo del mundo intentó venderlo fuera del dólar. La respuesta fue una década de sanciones, un bloqueo naval y la captura de su presidente. Sus ingresos petroleros ahora están en cuentas del Tesoro de Estados Unidos. Irán construyó una economía petrolera paralela de 45.700 millones de dólares anuales enteramente fuera del sistema del dólar, y respondió al ataque contra su soberanía cerrando la arteria por donde fluye la base material de la hegemonía del dólar.


El dato más revelador: un dron iraní Shahed-136 cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares. Un misil interceptor Patriot cuesta 4 millones. Por cada dólar que Irán gasta en atacar la infraestructura petrolera, sus adversarios gastan entre 20 y 28 dólares para defenderse. Arabia Saudita ha invertido 80.000 millones de dólares en defensa aérea en tres décadas. Resultado: los drones siguen llegando.


No puede haber transición energética sin transición monetaria

Si la economía del carbono y la hegemonía del dólar se constituyen mutuamente, entonces no puede haber una transición energética genuina sin una transición monetaria. No basta con instalar paneles solares y cerrar pozos de petróleo si el sistema financiero global sigue necesitando que el mundo compre dólares para acceder a la energía. No basta con hablar de eliminación de combustibles fósiles si el sistema monetario que los impone sigue intacto.


El imperio estadounidense está produciendo las mismas condiciones que han destruido cada iteración previa del complejo guerra-dinero-servidumbre: crisis fiscal, proliferación de alternativas monetarias, rechazo creciente de deudas ilegítimas y los límites ecológicos del planeta. La pregunta no es si este sistema termina. La pregunta es: ¿en los términos de quién? ¿Y qué lo reemplaza?


Una transición justa decolonial desde abajo significa enfrentar esta pregunta de frente. No solo para la energía, sino para la base molecular de la producción. No solo para el petróleo, sino para el dinero. Abolir los combustibles fósiles requiere abolir el dólar.

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